Editorial: La legitimidad de Cosquín y la de la Rosada

En realidad los argentinos estamos muy acostumbrados a ser testigos y por casos consumidores compulsivos de programas televisivos y selecciones artísticas de diversas expresiones, donde compiten tanto gente del público como cantantes, actores, danzarines, etc. con sueños de alcanzar el estrellato mostrando sus virtudes.
Por ejemplo, en estos días está en pleno desarrollo la etapa de selección para el certamen folclórico mayor del continente que tiene lugar en su etapa final en la ciudad cordobesa de Cosquín.
Los que amamos el canto y la danza somos seguidores y difusores de todo lo que acontece alrededor del ya histórico festival. Y es a partir del mismo donde nos surge claramente esta reflexión que inspira esta columna de hoy.
En casi todos los ámbitos de la vida nacional, los aspirantes a llegar a la cúspide de sus sueños, compiten permanentemente y sueñan con estar ante los jurados más calificados para recibir sus devoluciones, correcciones, consejos y puntuaciones. En casi todos. Hay uno que claramente no solo no se expone a un sistema así sino que claramente actúa de forma rotundamente inversa.
Y esa es la política argentina.
Detengámonos un instante. La extensa ronda clasificatoria de un festival como el citado nos permite a todos observar la enorme cantidad de grandes figuras del canto, la interpretación y la danza que surgen desde todos los rincones de la Patria. Y ante cada definición de ronda que establecen los jurados (todos de renombre y aquilatados méritos) suele quedar en los testigos el lamento porque seguramente varios de los que van quedando en el camino, al entender de ellos tenían condiciones sobradas para seguir, tocando, bailando o cantando. Mas allá de gustos todos entendemos que se van eliminando entre buenos y de tanta excelencia hay que ir dejando solo los casilleros disponibles. Los demás deberán esperar otra oportunidad que, a fuerza de buenos, tal vez nunca los premie.
Pero hay otra característica que no puede ignorarse. Jamás se observa a un participante apelar un fallo y argumentar que alguno o todos los demás son “peores” que él.
Esto si que no existe. Habrá claro en los fueros íntimos alguna convicción de haber merecido mejor suerte. Pero allí nace y muere esa idea.
Y finalmente, en ese esquema, surgen los ganadores, que tienen en claro que han sido elegidos entre todos los que quisieron participar en el país, que compitieron con todos; que siempre fueron elegidos por jurados consagrados y que si llegaron adonde llegan es por méritos largamente constatados.
Eso garantiza no solo legalidad sino legitimidad. Y con ello una autoestima segura y un respeto generalizado de todos.
Vayamos ahora al Pre Elecciones de todo orden en el país. No existe posibilidad alguna que todo aquél que desee competir pueda hacerlo. Y mucho menos en condiciones ya no iguales. Ni siquiera comparables. Por lo tanto desde la raíz la diferencia entre un selectivo y otro es abismal. Incomparable.
Aunque parezca mentira, todos los días la dirigencia habla con aire de superioridad pertenecer a alguna fuerza que tiene “por lo menos cuatro o cinco” candidatos a presidente de la nación.
¡¡¡Qué bárbaros!!!. Cuatro o cinco…..y de esos, ellos, quienes tienen el timón total a lo sumo nos darán al “jurado” la opción de elegir entre dos.
Y si a esto se agrega que seguramente no más de dos fuerzas y con similar metodología se reserve todas las posibilidades de consagrar a ese presidente, hagamos la comparación con lo descripto.
La revelación o ganador del Precosquín surgirá luego de haber competido en condiciones más o menos equitativas con miles de artistas.
El presidente de la República que por lo menos regirá nuestros destinos por cuatro años surge de una competencia entre nos mas de cuatro o cinco previamente digitados.
¿Pueden compararse las legitimidades de uno y otro y eso salvando obviamente la aclaración de lo que representa un artista en Cosquín con un presidente de la República?
Pero no nos parece lo dicho lo más importante. Ese ganador festivalero llevó a lo largo del certamen la propuesta que mejor le pareció y esa fue su única herramienta. Insistimos: no vimos nunca a un cantante o un danzarín de malambo gritarle al jurado lo malo que son quienes compiten con él.
En la política argentina, los pregobernantes se presentan con el casi exclusivo repertorio de contarnos lo malo, incapaz, deshonesto, mendaz y otras cuantas cosas mas que es el otro. El no impone su canto. Solo se planta en la tribuna y silba al otro.
Y el jurado…. el tan elogiado jurado, el llamado soberano, con este esquema solo puede tener en pequeñas dosis, consagrar al menos malo.
¿O acaso tiene otra posibilidad el pueblo al votar?.
Afirmar esto es lisa y llanamente culparlo de los reiterados y eternos malos gobiernos que tenemos.
Y nos resistimos a eso. No los llenamos de halagos fáciles cuando votan a favor de uno u otro como hacen “los ganadores del pregobierno”. Pero con absoluta honestidad no los culpamos de lo que resultan víctimas.
Está claro que un país que no puede superar la boleta sábana. Las boletas de papel. El manejo de punteros, los aprietes, la compra de voluntades y las extorsiones de cada campaña, pretender que de una vez por todas las selecciones de los gobernantes en todos los niveles se parezca mas a la de un festival folclórico y menos a los sistemas vigentes desde hace décadas, es una utopía que ni siquiera nos atrevemos a considerar se-riamente que sea comprendida por la mayoría de nuestros lectores.
Al margen de todo lo dicho, resumimos afirmando con toda nuestra fuerza que le damos mucha mas legiti-midad al que en un par de semanas resulte ganador del Precosquín que al que resulte electo presidente de la nación en un par de años.
Y por las dudas para acompañar lo que digo con lo que hago: después de los sesenta años y haber pasado por las arenas de la política activa (y por si hace falta acla-rarlo con bastante fortuna) me alejé de la misma y opté por comenzar a recorrer talleres de danza folclórica.
No saben la diferencia que existe entre escuchar a alguien que un día – aunque sea por generosidad – nos dice “que lindo bailaste esa zamba” con aquellos que aplaudían un discurso o nos susurraban: “Quedate tranquilo que te voté”.
Claro. ¿Saben que cuesta mucho encontrar, aún en las ciudades del interior, un gobernante que sepa bailar aunque sea una chacarera?.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 24 de diciembre de 2021)

Gerardo Basualdo

El año 2019 recibimos el premio Provincial CADUCEO a la Labor en la comunicación local. CANAL 6 de Pila comenzamos un 7 de abril de 2012, EL PILERO semanario en el mes de octubre de 2012, Radio 102.1 de Pila 2 de noviembre de 2013, Agencia Coranto 2 de septiembre de 2014

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