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Sordi, el menos sordo

Editorial

Sordi, el menos sordo

Nos vemos tentados en comenzar esta columna diciendo que el país no está bien. Y tamaña liviandad y una obviedad de tal dimensión nos resulta impropia de toda pretensión periodística. Pero toda reformulación nos deposita en el mismo lugar: hay que decirlo poniendo una contundencia que parta de las entrañas mismas del autor, porque ni por asomo la sociedad demuestra tener conciencia de lo mal que estamos. Eso: ni por asomo.
Produce escalofríos observar como tantos argentinos, sobre todo los que sienten que bajo esos estímulos depositaron sus votos por quienes resultaron los ganadores, hablan de una nueva esperanza, que hay nuevos climas, que la gente está entusiasmada. Uno escucha, observa y parte raudo al oculista y al otorrino porque las razones para un estado así ni las ve ni las oye. Mas bien todo lo contrario.
En medio de todo, están las voces que con razón explican dos cuestiones: el país que nos dejaron (otra obviedad como que estamos mal) y por favor déjennos que recién llevamos 20 días de gobierno.
Y aquí hay una clave: el gobierno nacional y el de esta provincia saben que son gobierno desde agosto pasado cuando las elecciones PASO los puso a cubierto de cualquier sorpresa y les adelantó que debían asumir el 10 de diciembre. Desde agosto a hoy y sobre todo en estos 20 días de «lapicera» nadie en su sano juicio pretende grandes resultados. Pero ninguno de los portadores de ese juicio ignora que el rumbo ya está señalado. Y es ahí donde aparece claro la madre del borrego.
Para decirlo bien claro: el destino de un viaje si decide antes de partir y no al llegar. De tal modo que el rumbo de un gobierno también se decide antes de asumir. Es mas: es natural creer que ese rumbo todo gobernante lo tiene decidido al momento de presentarse como candidato. Por lo tanto, nos resulta absolutamente insostenible el argumento del poco tiempo para analizar decisiones muy claras.
Cuando afirmamos lo mal que estamos no solo nos referimos a lo que bien define el ministro Arroyo como el plato de comida en cada mesa del país. Absortos escuchamos a nuestro presidente tratar de reconvertir lo que públicamente y sin disimulos afirmaba hace apenas dos años: «Cristina se ha ido del gobierno con dos máculas imborrables. Haber pretendido con leyes ocultar dos DELITOS COMETIDOS. Uno estatizando Ciccone para tratar de salvar a su vicepresidente Boudou y el otro convirtiendo en ley un pacto como el de Irán que solo pretendía salvar a los acusados del mas grave atentado que sufriera la argentina y que terminó con el CRIMEN del fiscal Nisman, donde ella aparece sospechada de instigadora y otros del hecho material» (textual declaración de hace dos años del actual presidente).
Negar esto ahora y pretender convertirlo en «un serio error de la ex presidente» y su actual vice es solo de un país que está mal. Muy mal.
Llegar al gobierno afirmando que es hora de gobernar para adelante y resolver los problemas y una vez en ejercicio lo mas saliente es volver al pasado para reabrir las causas Maldonado, el peritaje de Nisman y seguir volviendo a la historia es solo patrimonio de un país que está mal. Hablar de caer sobre los que mas tienen y derogar el aumento a los jubilados sin decir como se lo reemplazará o bajarle las retenciones a las mineras en cuatro puntos es de un país que está mal.
Que el ministro de Seguridad bonaerense que fuera anteriormente el de nación diga públicamente que la actual ministro de la nación no tiene idea lo que es un arma y mucho menos estar en una manifestación con 200 personas es también signo de un país mal.
Pero algunas cuestiones mas rudimentarias pueden ser mas concluyentes y contundentes para aquellos lectores que han logrado quitarse el imperdonable pecado de analizar las cosas según a quien defienden o a quien atacan (por supuesto una abrumadora minoría) y deciden plantarse ante lo expresado solo con la compañía de su razonamiento, su intelecto y su sentido común.
Hace pocos días, una noticia del ámbito deportivo y del que en general somos ignorantes la inmensa mayoría de argentinos sorprendió con grandes titulares: el argentino (y cordobés) Emiliano Sordi se coronó campeón de la categoría semipesados de la Pro Fight League de la MMA (Artes Marciales mixtas) en Nueva York y lo mas llamativo es que con ese triunfo ante el campeón se hizo acreedor al premio de un millón de dólares. En esta argentina de dólar oficial, dólar turista, dólar solidario (?). blue y otros verdes, el dólar Sordi pasó a engrosar la lista. Pero mas allá de estos detalles. la mayor sorpresa para este autor fueron las declaraciones del luchador: «En unos días vuelvo a la Argentina pero de vacaciones. Sin la plata» y agregó: «Soy luchador y me pegan mucho en la cabeza, pero no como vidrio. La plata la invierto acá. Ni loco llevaría la plata a la Argentina».- No lo dijo un economista de Harvard ni un inversionista extranjero. Lo dijo el luchador Sordi. «No como vidrio».
Debiera ser este caso suficiente para explicar lo mal que estamos y por donde hay que poner el rumbo. Mientras ya nadie soporta dejar o traer un peso a esta argentina, volver al pasado para revisar todo lo que al gobierno le molesta y ocupar toda la atención en eso, finalmente nos justifica el comienzo de esta columna. Si. Es así y digamoslo. Estamos mal. Muy mal.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 04-01-2020)

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