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Se retiró del último juez nombrado por la dictadura, en la zona, Dr. Escapil

Editorial

Se retiró del último juez nombrado por la dictadura, en la zona, Dr. Escapil

Fin del magistrado del Dr. Miguel Angel Escapil en el juzgado de Paz ranchero, que fuera designado por la dictadura militar en la década del setenta, el último de la zona.

Con la llegada de marzo tocó a su fin el magisterio del Dr. Miguel Angel Escapil al frente del juzgado de Paz ranchero en el que fuera designado por las autoridades del Proceso de Reorganización Nacional en la década del setenta y que obviamente desempeñó por más de cuatro décadas.

No es muy habitual que en un pueblo pequeño, alguien con una investidura tan importante (en algunos casos casi tan importante como el la consideró siempre) se retire y pase a integrar la mal llamada clase pasiva casi en silencio y poco menos que ignorado.
Así ha ocurrido con este juez distrital al que la inmensa mayoría de la población le ha dado al momento de alejarse lo mejor que podía: silencio y desatención.

Es que el último juez de la dictadura supo en el desempeño de sus funciones ganarse la antipatía y el descrédito de una inmensa mayoría de la población a la que jamas atendió en procura de ser justo, que es algo mucho mas concreto y lineal que aplicar un viejo y obsoleto código contravencional donde pueden leerse las sanciones que le caben a un vecino por salivar en la vía pública o transitar en el estribo del auto.

Son innumerables los casos en el que el juez de Paz llamó la atención con sus decisiones, que parecieron a la luz de las prácticas entender que toda facultad que «podía» ejercer, el «debía» aplicar sin interesar mucho el contexto, las características generales o al menos -nadie puede dudar de su intencionalidad- viendo todo sin esa tan particular manera como lo es su propia personalidad y su escasa o nula inserción en la sociedad en la que nació, se crió y se desarrolló.

Claro que siempre contó con una comunidad cuya dirigencia no cesó jamás de dedicarle las peores críticas en el ámbito privado, pero que jamás opuso herramientas serias y contundentes para discutir su desempeño. Su vocación por actuar personalmente en acciones hasta riesgosas como cuando en su propio automóvil se plantaba en las noches a vigilar un «piringundín» de la ruta 29 en soledad. Sus recorridas por puestos de artesanos o paseo de compras en cada fiesta grande lugareña hasta encontrar quien «vendía un trago» y hacer que General Paz fuera el distrito diferente a todos, en el único lugar donde era difícil tomar un trago hasta en un cumpleaños, obligando por años a que nuestros jóvenes se trasladaran a distritos vecinos con los consiguientes riesgos que ello significa, son parte de su legado.

¿En cumplimiento de la ley? es la pregunta. Y seguramente el ahora juez jubilado responderá que si. Las leyes que solo existieron aquí dice la realidad. La única verdad.
Su intervención en el sonado caso «Cuello» don-de terminó prohibiendo o limitando el ingreso al domicilio del vecino de los compañeros de escuela de un niño de seis o siete años fue motivo de un fallo ejemplar de una jueza de Menores casi reprendiendolo y que aún guardamos en nuestro archivo como una muestra de lo dicho.

Y que haya sido el orador invitado por el entonces intendente Uribarri en un acto de recordación Por la Memoria un 24 de marzo, siendo un funcionario que juró por el estatuto de Reorganización Nacional una afrenta a la democracia de parte de un gobierno democrático a todas luces inaceptable.

Nos tocó en persona, ser denunciado ante la justicia penal por presuntas Calumnias e Injurias en cuya presentación trabajó pacientemente durante mucho tiempo. No hizo falta que debiéramos defendernos de sus acusaciones. La justicia nunca le hizo lugar siquiera a su presentación. Y ni hablar lo que opinó de esos cientos de fojas y escritos presentados por quien a la vez tenía investidura de juez el propio magistrado que la rechazó « Nunca vi algo semejante» le escuchamos decir personalmente a un alto funcionario de ese juzgado.

El operativo que avaló contra un comercio local hace un par de años, multándolo y clausurándolo por venta de bebidas, un día miércoles a mediodía cuando ese comercio JAMAS en muchos años abrió fuera del período de jueves a domingos y por la noche puede sumarse a su larga lista de incomprensibles decisiones.
Vaya en honor a la verdad que así como su manera de ver e interpretar la justicia fueron reiteradamente descalificados por muchos juristas, su honorabilidad y honestidad personal son valores que no pueden ponerse en duda. Jamas alguien pudo permitirse dudar de ese valor.

A este grupo periodístico le deja el muy amargo sabor de su actitud vengativa. Perdida en la justicia su intención de castigarnos con ese fracasado juicio (debe ser muy feo no lograr ingresar siquiera una denuncia en los tribunales sien-do juez), poco tiempo más tarde mandó a detener a un camarógrafo de nuestro canal de TV que se había detenido frente a la comisaría donde se registraron algunos disturbios con la cámara en su mano. A ese camarógrafo le hizo una causa y lo mandó un par de días al calabozo, pese a que TODOS los demás involucrados en ese disturbio afirmaron que el camarógrafo nada tenía que ver con el caso.
Y casualmente, ese camarógrafo era el hijo del director de este medio con quien fracasó en su intento. Y esa cicatriz, doctor Escapil no se nos borra mas.

Seguramente no compartirá mucho o todo lo expresado en esta columna. Y está en su derecho. Lo que no puede afirmar es que nos hayamos referido a otra persona que a usted. A nadie de su familia. Ni de su entorno. Ni de su amistad. Porque las cuestiones, aún las más litigiosas se definen entre los protagonistas. Y cuando se pierden o no se alcanzan los objetivos la revancha no es con el hijo, ni la madre ni el amigo.

Es de desear que este concepto, al menos este, lo haya desarrollado luego del casi medio siglo que la peor dictadura militar de la historia de este país le otorgó para desempeñar sus funciones.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 07-03-2020)

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Fernando P. Cámara

    17 marzo, 2020 a 19:28

    Seguís duro Gallego.Como siempre veo que no te tiembla el pulso, muy duro y directo pero con altura y dignidad.
    Con muchas ganas de verte, un gran abrazo.

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