La sociedad ranchera se ha ganado un concepto que no solo es creciente con el paso del tiempo sino que genera coincidencias cada vez mayores lo que permite estimar que se trata de una característica muy marcada y aceptada por nosotros mismos.
Resulta evidente que en los últimos tiempos hay una creciente organización de eventos culturales de diverso tipo, otros deportivos, sociales y comunitarios, con suerte y éxito diverso. Desde los que han generado una notable repercusión hasta los que no han pasado de intentos discretos. Todos ellos han servido y sirven para poner bien en claro aspectos culturales y sociales que conforman nuestra impronta.
En este sentido la pretensión es remarcar el rol que cumple el estado municipal que a la luz de los análisis se ha convertido en virtud y defecto a la vez, desempeñando un papel que a esta altura suele generar mas polémicas y desencuentros que un espíritu comunitario, solidario y de enriquecimiento general.
Es que cada día crece más la intervención directa o semidirecta del estado comunal en casi todos los acontecimientos más o menos masivos. No hay en Ranchos, alguien que se ponga el traje de empresario dispuesto a organizar un evento que no comience por reunirse con el municipio para pedirle al menos tres cosas fundamentales: que le presten o le paguen un salón:; que le paguen el sonido y la iluminación y que le cedan algún transporte para llevar/traer artistas o figuras. El pedido suele extenderse al pago de algún alojamiento y el canon de algunas de las figuras contratadas.
Esto es de arranque. Después siempre llega el pedido de algún camión para llevar o traer algunas sillas, el pago de algún almuerzo o cena, el armado de algún escenario y así meta y ponga nomás.
Entendámosnos: nadie tiene mas responsabilidad en este defecto marcado del mundo socio/cultural ranchero que el estado municipal mismo, que, lejos de entender esta pendiente la ha seguido pronunciando hasta niveles hoy insostenibles y factor de una grieta que se transmite por redes sociales y en los boca a boca, con todo lo que de razón tiene, y todo lo de fantasía por no decirles mentiras directamente que las redes sociales transmiten.
La cuestión viene del fondo de la historia contemporánea. Desde que el municipio se hizo cargo del Festival de Fortines (desde su segunda edición) porque ya a nadie se le puede seguir diciendo que el mismo lo realiza una comisión de vecinos. Colabora y trabaja esforzadamente una comisión de vecinos, está claro. Pero al final falta un peso o un millón y lo pone el municipio. Y el que pone la plata es el dueño de cualquier cosa aquí o en la china. Y por lo tanto el festival es del municipio. El Rally, que llegó aquí y se llevó a cabo en épocas de oro, con dos horas de televisación nacional directa de manos privadas, con colaboración municipal (colaboración que se estipulaba anticipadamente de cuanto sería y no se modificaba mas) por meras cuestiones personales y políticas fue arrebatado por el estado municipal y nunca mas retornó a ese ámbito. Con el beneplácito de los dirigentes de las categorías que desde el TC hacia abajo ya negocian directamente solo con gobernadores, intendentes o el estado en cualquier versión.
Pero lejos está de parar ahí el estado empresario: en Ranchos el fútbol oficial por razones de estructura se juega en predios municipales y por lo tanto la relación es directa, mas allá de convenios que se firman y una actualidad que por mérito de una renovada comisión ha equilibrado un tanto los roles.
Y pasado lo mas grueso por la zaranda llega el aserrín mas fino: el encuentro de la carnasa; el baile del zaino viejo; el patio de las alpargatas con fleco o el nombre que se le ocurra y quien desee hacerlo.
Todos ponen la idea, Y a pedirle al municipio. O aún peor: al intendente. Ya no alcanza con hablar con los funcionarios de las áreas pertinentes. Debe ser el intendente en persona.
Y como no se puede decir que si a todo, todo el tiempo, entonces vienen los enojos, las competencias desleales, las suposiciones, los enfrentamientos, las medias verdades que tienen mas de imaginación y a veces de mala fe que de hechos concretos.
No debería pedirnos el lector más o menos avisado precisiones y casos concretos. Los pueden ver todos los días en las decenas de «periodistas» de facebook» o de grupos de WhatsApp que circulan. Todos saben de todo. Todos opinan de todo. Y como dice Arjona: lo peor no es que me mientan. Lo peor es que les creo.
Se ha generado una corriente de opinión en un ambiente de «organizadores» donde se nota claramente que «el mu-nicipio tiene la OBLIGACIÓN de proveer». No la facultad de analizar alguna ayuda si la considera pertinente. OBLIGACIÓN.
Está lleno de casos donde se levantan voces que no ocultan que «me dieron un transporte, me ayudaron con el alojamiento, me pagaron el sonido… pero el intendente no me atiende y el funcionario no me quiere pagar el número artístico».
Y ya las disputas son públicas, en términos inaceptables. Con acusaciones muy graves. Con mucha desinformación.
Y aparecen las disputas de los que solo se miran el ombligo y se creen genios. En esta misma edición se reproduce una entrevista a la directora del ballet General Paz que manifiesta su sorpresa, «porque es evidente lo que han crecido en to-da la región y nosotros nos hemos estancado sino retrocedido y es tiempo de aprender a crecer tomando ejemplos de ellos».- Se refiere claramente a la música y la danza folclórica. A lo que muestran ciudades como Chascomús, Brandsen o Belgrano. Con muchos y notables profesores. Talleres y cuerpos de danzas de altísimo nivel. Profesores que sienten y muestran entre si admiración. Solidaridad, compañerismo. Ayuda mutua. Y a lo sumo la sana compe-tencia de alcanzar los mas altos objetivos.
Pero los estados municipales no administran ni manejan una peña como La Huella en Brandsen con sus 58 años de gloria. Ni en Chascomús alguien le financia a Felipe Giles y a la S. Barrio Jardín ni el sonido, ni los artistas. Ni se ve por sus fiestas al intendente ni a un funcionario. Solo en alguna excepción. Ni a Perico Suares en el Social ni a Ramiro Andrade con sus mas de 250 alumnos. En algún caso una beca mensual de poca monta. Y poco más.
Aquí sobran los músicos que le cobran al municipio hasta para tocarles el feliz cumpleaños. Y al otro día se convierten en organizadores de eventos privados, con venta de entradas, mesas, cantinas y le piden al municipio el consa-bido aporte. Y ante la menor objeción se ofenden.
Y es cierto también que están aquellos que además de artistas son proveedores del municipio y no hace falta decir que a la hora de convocarlos, entre el municipio y un privado es fácil saber quien tiene ventaja.
De todo esto podemos dar una lista de nombres, comisiones, artistas, pseudo organizadores que ocuparían toda esta edición. En general todos los conocen.
Hoy, la crisis financiera que padece el municipio tal como lo informara este medio hace una semana es agobiante. De economía de guerra como se tituló. Y tal vez sea el momento de ubicar a la misma en su justa definición. Crisis es oportunidad. Y la oportunidad es para el estado municipal de repensar políticas que vienen desde hace décadas y que hacen que hoy figuren entre los gastos municipales, transportes, choferes y combustibles para que adeptos a deportes de adultos en su inmensa mayoría de altísimo poder adquisitivo viajando a practicar su hobby.
Si el momento del NO se puede seguir así no es éste, entonces difícilmente pueda comenzar a revertirse una tendencia que llevará mucho tiempo para generar el cambio cultural necesario.
Es cierto que las épocas han cambiado mucho; pero no nos alejemos tanto de aquellas funciones básicas de un municipio: Alumbrado, Barrido y Limpieza. Si a eso hoy se le debe sumar salud. Educación y mucho de seguridad, entonces no puede costar tanto comprender que no hay mucho lugar para seguir siendo el empresario directo o el que bajo la figura de «alguna comisión» siga dedicándose a cosas para las que no está pensado ni constituido. Y que solo excepciones debería atender en la materia.
Y no que dicha excepción sea la regla como ocurre aquí desde tiempo inmemoriales.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del sábado 23 de noviembre de 2019)

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