Conectate con nosotros

Medios Coranto

Los que se fueron tampoco volverán mejores

Editorial

Los que se fueron tampoco volverán mejores

Nadie tiene dudas de las múltiples dificultades que tiene el país y que, esto que no lo ignore nadie, no son solo económicas como pretenden algunos sectores sino de raíces mucho mas profundas

Nadie tiene dudas de las múltiples dificultades que tiene el país y que, esto que no lo ignore nadie, no son solo económicas como pretenden algunos sectores sino de raíces mucho más profundas y que tal vez encuentren en la economía el último eslabón de la sintomatología y efectos. Nunca de la razón.
El gran aparato propagandístico que la política ha sabido armar desde el fondo de su historia misma, ha servido y sirve para desviar de manera casi burlona la atención de la ciudadanía, a la que se le agrega la dosis de demagogia necesaria de «hacerle creer que lo que sobra en la sociedad es sabiduría» y por lo tanto, le escriben el libreto, se lo repiten para que lo memoricen y luego los aplauden destacando la sabiduría de sus pensamientos.

Una fórmula mágica aunque debiera ser demasiado básica para ser comprada por inmensas mayorías.
Cuando el anterior gobierno nacional, que recibió un país en ruinas, aunque a muchísimos los consuele considerar que lo entregaron aún peor, presentó su gabinete y en un organismo como la oficina anticorrupción que controla la gestión, que recibe denuncias, que revisa actuaciones, fue de-signada la funcionaria mas cercana y mas «obediente» del presidente que ni siquiera reunía la condición básica de ser abogada como lo exige el cargo, lo natural fue sellar en ese mismo instante el convencimiento de estar ante un gobierno que podía atender algunas formalidades, pero que el fondo de la institucionalidad le importaba muy poco.

Cuando después, tomó estado público el famoso escándalo de «los aportes truchos» en la provincia de Buenos Aires con miles de personas impuestas como testaferros de dineros cuyo origen aún hoy se desconoce y nadie, incluido los propios estafados con el uso de sus nombres levantó un dedo para denunciar tamaño escándalo nada bueno podía esperarse ya.

Allí ya empezó a tejerse el camino del retorno de los que se habían ido y sobre los cuales se repetía no vuelven más. Está mas que claro que un gobierno que dejó el país con los índices que entregó la presidencia de la doctora Cristina no puede aspirar a regresar nunca más a ese sitial.
No puede, siempre y cuando no venga un Macri y un espacio político que aún con algunos grandes aciertos -que nadie se atreve a reconocerle- cometiera atropellos a la institucionalidad semejantes.
Y así ocurrió en 2019.

Y volvieron los que no iban a volver. «Y volvemos para ser mejores» anunció el actual presidente gritándolo a los cuatro vientos.
Es el presidente Alberto Fernández que acaba de cometer un atentado al orden citado que no debiera ser permitido a nadie ni en ningún lugar serio, salvo aquí donde el entusiasmo por cometer errores graves y hacer desde el primer día todo lo posible para que el otro vuelva son ya incorregibles. El presidente acaba de partir de gira en la primera salida al exterior en calidad de primer mandatario y como corresponde constitucionalmente debió delegar su cargo en la reemplazante natural que es la vicepresidente, en este caso la doctora Fernández.
Si. La que lo ungió presidente en este país del revés.
¿Saben ustedes cómo fue el acto de traspaso del mando?. Si alguien aún no se enteró seguramente pensará que fue en la Casa de gobierno, o en el senado donde la vicepresidente ejerce la titularidad o aún puede pensarse que fue en el aeropuerto al momento de partir el presidente.
No fue así. No fue en ninguno de esos lugares imaginados.
La doctora Fernández hizo «bajar» al presidente hasta su sede partidaria (que ni siquiera en realidad es partidaria si por partido se considera al peronismo sino la sede de sus militantes) y allí, sentada en ese local se transfirió la investidura a manos de «la presidente de todos los argentinos» como gusta ser llamada.

Si volvieron para ser mejores, es bueno recordarles que cuando eran peores no se atrevían a tanto. Hacer la ceremonia y el acta de traspaso de la presidencia de la república en la sede de un partido político y anunciar además como hizo la interina que no se moverá a la Casa Rosada y que gobernará desde su sede ya es suficiente para descontar que no existe ninguna mejoría ni es intención hacerlo.
Es tan consumado como Laura Alonso en anticorrupción o los aportantes truchos de Cambiemos. Que millones de argentinos se gasten en discutir que cosa es peor. Unos diciendo que aquello era grave y esto es insignificante y que otros digan que aquello fue un pequeño error pero esto es imperdonable es el resultado de la propagandística de la política criolla en toda su historia.

Pueden llenar las redes sociales y entretenerse millones de argentinos gritando que el verde es mejor que el amarillo o viceversa.
Aquellos ya sabemos lo malo que fueron que hasta lograron que estos volvieran. Y estos creyeron volver por sus grandes virtudes y no porque fueron empujados al poder. «Volvemos mejores» aseguraron.
Algunos ya sabemos que no es así. Y que si no cambian van a lograr también el milagro de hacer regresar a los que se fueron. Que también dirán que volverán mejores. Y que tampoco lo serán.

Editorial publicada en TIEMPO de Ranchos del sábado 25 de Enero de 2020

+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
Mostrar más
Publicidad
Dejanos tu comentario

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Más de Editorial

Subir