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Gracias por ayudarme … pero a la rana la mato

Editorial

Gracias por ayudarme … pero a la rana la mato

Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 15 de mayo de 2020

El tema excluyente del planeta desde hace al menos dos meses no puede ser eludido en esta columna editorial, mas allá que intentamos transitar por otros caminos. Y en el extenso abanico que la pandemia permite observar, nos estacionamos en las relaciones políticas que en el mas alto nivel se han generado precisamente a partir del abordaje del mal. Resulta claro que como decía Fierro nada mejor que un susto “ pa´ despertar un mamao”; con la dirigencia criolla ocurrió lo mismo que con el borracho. Se les venia el bichito encima y como el coronado no sabe de fronteras, ni espacios políticos y mucho menos de internas y otras argentinidades, se juntaron todos convocados y reclamados por el presidente (que mostró sin disimulo mas compañía ajena que del propio palo) y así se vio al jefe porteño opositor casi como un abonado a la quinta de Olivos, al igual que el gobernador de Jujuy y a intendentes como Macri, Valenzuela o Montenegro. Reuniones, conferencias y anuncios con elogios mutuos marcaron el clima de las primeras semanas del abordaje de la situación que, vale aclarar, de acuerdo a los resultados alcanzados hasta el momento en materia sanitaria no pueden menos que considerarse acertados.
Pero ya pasaron varias semanas y pareciera que cierta dirigencia argentina es como el escorpión y hay defectos “estructurales” que están en sus genes y no pueden desterrarlos.
Pese a que sus buenos modales y estilo docente han permitido al presidente Fernández generar una imagen sólida en gran parte de la sociedad (y en una buena franja de los que no fueron sus votantes) naturalmente bien alimentada por sus gestos para con gobernantes de la mayor oposición que muestra a su lado, ha encendido alarmas mas que preocupantes.
Llegó el último anuncio de extensión de la cuarentena y algunos cambios de excepciones del viernes pasado y el presidente con el jefe de gobierno porteño sentado a su lado no tuvo empacho en lanzar un clara maniobra de división en esa oposición al señalar (en un contexto absolutamente ajeno para hablar de políticas partidarias) que así como “agradezco el acompañamiento de dirigentes opositores responsables, debo señalar que hay otros que procuran…..” y le agregó cargos para descalificarlos crudamente en el rostro de Rodriguez Larreta que debió “comerse el sapo”. Una actitud claramente impropia del momento, de la investidura presidencial y del ámbito en el que se pronunció. Para comprender la magnitud de lo que señalamos tomamos la cuestión en sentido inverso: ¿Cuál hubiera sido la reacción presidencial si el jefe de gobierno porteño al hablar hubiera agradecido y destacado al presidente pero hubiera objetado que el ministro de salud de la nación desestimó la llegada del virus o hubiera criticado a cualquier otro colaborador del gabinete?. ¿Se hubiera mantenido en silencio el presidente?. ¿Y entonces cual es la razón de maltratar a quien está a su lado y en nombre de un agradecimiento que en la práctica no fue tal?
Algún defensor de causas perdidas, que abundan en todos los sectores podrá objetar lo señalado procurando justificar la actitud presidencial con cualquier argumento. Pero “vade retro”……
Solo 48 horas mas tarde, en una entrevista radial, el presidente se las tomó con la gestión de la ex gobernadora Vidal de una forma casi hasta descortés. Esto, que no pretende des-conocer que el presidente pueda tener su cuota de razón (como la hubiera tenido Larreta si hubiera dicho lo del ministro de salud) debe ser analizado aún mas finamente por ser la ex gobernadora Vidal y el alcalde porteño amigos personales y fieles aliados políticos.
¿Cómo deben tomarse estas actitudes de un presidente que debe administrar una situación extremadamente delicada en todos los aspectos del país?. Nadie con una base mínima de sentido común puede considerar que algunas de estas manifestaciones tienen alguna dosis de ingenuidad. Es mas: son muchos los conocedores que afirman conocer perfectamente de donde provienen las presiones al presidente para llevar a una situación incómoda a los colaboradores opositores y casi obligarlos a dar algún portazo.
Está claro que la confrontación por si misma no conduce a nada bueno. Y mucho menos cuando el país exige consensos, no solo en este rubro sino en todos, porque lo grave en serio para el país está adelante. Es muy claro que aún no llegó. Ni siquiera se acercó.
Y ni todos juntos con la mayor generosidad y madurez serán suficientes en muchos casos para dar respuestas a los desafíos futuros.
Mucho menos podremos ser optimistas, si a quien pueda ayudarnos a cruzar el tempestuoso cauce, en medio del mismo le clavamos nuestro mortal aguijón.

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