Familiar muerto y una experiencia terrible de la doctora Érica González por falta de insumos

En una nota que nos hace estremecer, logramos tomar conciencia que pasan cosas que ni nos imaginamos, pero que son un peligro latente ante cualquier emergencia.

La doctora contó que días atrás tuvo un llamado de su tía, que llorando le pedía ayuda porque «el tío se descompuso» por lo que salió vertiginosamente en ayuda de sus familiares.

Lo primero que debió padecer, y que la sorprendió de sobremanera, es que al llamar al 107, recibió como contestación un contestador automático que es un total despropósito, ya que en un número de urgencias, no pueden perder tiempos con un menú de opciones ni presentaciones.

Finalmente, fue atendida y explicó que estaba yendo a atender una persona con distintos problemas de salud que lo convertían en alto riesgo, y solicitó el envío de una ambulancia con los implementos necesarios.

Al llegar a destino, encontró a su tío desvanecido, descompensado y con la familia desesperada. comenzó con las tareas de primeros auxilios, y volvió a llamar a emergencias, donde explicó el cuadro y los elementos que se necesitaban ante la urgencia, y los antecedentes del paciente, que entre otras cosas padecía diabetes tipo 2, y obesidad mórbida. Ante la tardanza, lamentó tener que decir que haría la denuncia, lo que aparentemente aceleró las cosas.

Mientras tanto, la situación se complicaba cada vez más, y el paciente cada vez estaba peor. Tuvo que hacerle ejercicios de reanimación y en eso estaba cuando llegó la ambulancia.

La doctora comentó que «llegaron un medico muy joven y una enfermera y les pedí con mucho respeto si me permitían llevar adelante la reanimación ya que cuento con una basta experiencia en emergentología y terapia, y me dijeron que no hay ningún problema». «Les pedí las drogas necesarias para esa situación pero no había suficiente. Imaginate que la tuve que intubar, y no había para sujetarlo, por lo que tuvimos que utilizar los cordones de la zapatilla de mi tío para eso. cuando subimos a  la ambulancia, observé que había un desfibrilador, y les pregunté porqué no lo bajaron pero me respondieron que no funcionaba. Luego, se le había terminado el suero, y observé que la sangre se estaba pasando al envase vacío, por lo que les pedí un suero para que esto no ocurra… Me respondieron que no tenían suero.»

Todo esto, ante la ayuda y presencia de sus hijas, que lamentablemente tuvieron que vivir esta situación, viendo agonizar a su padre y tratando de colaborar. Algo que sin dudas nunca olvidaran.

De esta manera, llegaron al Hospital Municipal, donde la recibió una enfermera que de manera despectiva preguntó «¿esta es terapista?»… el terapista, que conocía a la doctora Gonzalez respondió que si, por lo que le permitieron ingresar. Una vez adentro, con el paciente sin signos vitales hacía un largo rato, y lo único que quedaba era utilizar el «desfibrilador», pero no sabían ensamblarlo, y decían «no anda».

Ahí la doctora, le explicó que el aparato estaba apagado y cómo se encendía. Iniciaron la resucitación, pero ya era demasiado tarde, y el hombre falleció.

Ese fue el triste resultado de un cúmulo de irresponsabilidades y falta de preparación inconcebibles, porque se trata de salud. Y cuando se comenten fallos o errores en salud, el saldo es que se pierden vidas, de manera gratuita y absurda.

Así, falleció a la temprana edad de 59 años Angel Anibal Galeano, dejando con un dolor inmenso a su viuda Olga Fontana, y sus hijas Angelina y Karina, a quienes les hacemos llegar nuestro pésame y cariño.

Fuente: LRD

Gerardo Basualdo

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